3








Tengo que hacer algunos reportes,
vuelvo ahora, mi amor.

(...)

Perdona ,
¿qué me decías?

Nada, nada,
tengo que fingir que
no hablamos de nada.

O sea, sí que hablamos
pero es...
no como...

ya sabes.

Cada vez que me dices algo bonito
lo marco con una estrella y
cada noche en que me acuesto y miro el cielo
revivo
entre la sombra de los árboles y entre
mi sombra
que cada estrella eres tú,
diciéndome,
llenándome,
sobreviviéndome a la pesadilla que me ataca
en estas 60 horas.

60 putas horas de vacío
y de una agonía inexorable pero silenciosa.

La ansiedad me está abriendo
unas heridas que no sé si podré cerrar nunca.

Necesito que vuelvas y
dejar que me
salves para siempre.

Voy a cambiar
todo lo que te molesta de mí:
todas mis malas caras,
mis celos como agujas
mi mal carácter, amor

mi mal carácter,

mi inseguridad desoladora
y esta desconfianza hacia
que ya no me quieras,

pero

si te vas

creo que
borraré
todos los poemas que hablen de ti.


Mira, tengo uno que dice
que a lo largo de mi adolescencia
habré escrito unos 300 poemas:
la mitad hablaban sobre mí
y la otra mitad
sobre alguien que ya no está.

Queda también algún
resto invasor
que no tiene
ni nombre ni propósito.

Pero tú,
reina

te estás acercando
a una cifra

peligrosísima.





                                                                     60 horas.